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No soy yo, Strava, eres tú.

Estos días estoy jugando a un juego en el que, entre otras tareas más fantasiosas y llamativas, el personaje principal tiene que acudir a clase y atender bien a lo que cuentan los profesores para poder aprobar luego sus exámenes. Va a ser verdad eso de que uno nunca deja de ser un estudiante, de una manera o de otra. La mayoría de cosas que se explican son típicas preguntas de Trivial que sólo sirven para contar en reuniones con amigos, pero una de ellas me vale también para empezar este post.

Resulta que, según el juego, la palabra “robot”, tan utilizada en esta época en la que vivimos, deriva del término checo robota, que significa “esclavo”. Crudo, pero infinitamente adecuado. Al fin y al cabo, los robots sólo están ahí para hacer las cosas que nosotros no queremos o para producir mucho más rápido, gratis, sin cansarse y sin protestar.

Estoy leyendo también un libro que acaba de salir hace nada que trata sobre la relación entre algoritmos tecnológicos y psicología humana, bajo la tesis de que mientras los humanos sigamos actuando de manera ilógica y, para una máquina, “estúpida” en muchas ocasiones, nunca estaremos a una merced total del big data. Uno de los temas más interesantes que comenta en la parte que he leído hasta el momento es la necesidad artificial que nuestro cerebro ha generado de tener que cuantificarlo todo, como si fuese obligatorio saber cuántas horas, minutos y segundos dormimos, cuántos pasos damos cada día o las pulsaciones máximas que alcanzamos mientras esperamos en la cola del súper.

Ahora, cuando empezamos a hacer algún deporte (digamos ciclismo) ya no es tan importante saber qué bici vamos a querer, qué rutas vamos a hacer o si iremos solos o acompañados como elegir si vamos a usar pulsera cuantificadora o una cinta para el pecho y qué red social es la mejor para compartir nuestras actividades. Es decir, que nuestra vida está dejando de ser nuestra para convertirse en un entretenimiento para otros.

Big Data

Strava, esa empresa americana con nombre sueco, supo ver esto a tiempo y explotarlo mejor que nadie, copando prácticamente el mercado y convirtiéndose en sinónimo de hacer deporte. ¿Salir en bici y no activar Strava? ¿Estamos locos? ¿Para qué vamos a salir si no vamos registrar lo que hacemos? Y así fue cómo esta app se convirtió en el nuevo gran hermano, pero no en uno que un gobierno dictatorial haya implantado por la fuerza, sino uno que los usuarios hemos elevado alegremente a la categoría de dios. En otras palabras: nos hemos convertido en esclavos, en robota, de los datos por voluntad propia.

No cabe duda de que Strava tiene muchas bondades: técnicamente dispone de una multitud y variedad de opciones que cubren todas las necesidades que como deportistas pudiésemos necesitar acerca de nuestras actividades. Además, sabe adaptarse a todo tipo de usuarios, siendo igual de válida para el corredor dominguero de paseo marítimo que para el profesional World Tour del ciclismo. Pero quizás su mayor logro haya sido el engancharnos psicológicamente, generando un espíritu competitivo incluso en el más pusilánime de nosotros que nos lleva siempre a intentar mejorar nuestros tiempos y los de nuestros amigos en los segmentos, llevándonos a extremos de sufrimiento que no alcanzaríamos por nosotros mismos si no tuviésemos una meta clara y -de nuevo- cuantificable.

Y lo mejor: todo esto se hace de manera gratuita.

Hace unas semanas, sin embargo, la cosa cambió. En un post en su blog, Strava anunció que desde ese mismo pasaría a poner muchas de sus funciones sólo bajo suscripción, por lo que tocaba rascarse el bolsillo para seguir usando la app a pleno rendimiento. Aparte de los típicos que pusieron el grito en el cielo por tener que pagar 90 céntimos una sola vez para utilizar el WhatsApp en su momento, la gente comprendió que un negocio necesita dinero para seguir adelante, y además hay que recordar que Strava nunca ha metido publicidad y que solamente utiliza ciertos patrocinadores para algunos de sus eventos mensuales.

Personalmente, no estoy en contra de las prácticas de micromecenazgo. A lo largo de los últimos años no sólo he pagado por unas cuantas aplicaciones en Play Store, sino que he donado dinero a ONGs, fansubs, campañas en change.org, periódicos e incluso a la Wikipedia. Al fin y al cabo, son cosas -y causas- que o bien uso a menudo o bien apoyo, por lo que teniendo la opción de hacerlo no me parece bien seguir aprovechándome de sus servicios sin dar nada a cambio (quien me pide registro obligatorio -y por lo que sea necesito usar- no se llevará ni un euro de mi bolsillo, ya que ya hacen negocio de sobra con mis datos).

No obstante, en este caso no estamos hablando de micromecenazgo, por el cual yo doy dinero a una empresa que no me lo pide como agradecimiento por su trabajo y como ayuda para que continúe funcionando en el futuro, sino de una obligación de pagar por algo que durante años he estado usando de forma gratuita y sin generar ningún tipo de ganancia o elemento favorable para mí. Es como si me compro una bici de oferta y pasados unos meses me llaman de la tienda para decirme que tengo que pagar la diferencia respecto al precio real de la misma o vienen y me la quitan.

Por norma general, cuando una actividad que es gratuita pasa a ser pago incluye una serie de características, opciones o medidas que antes no existían para llamar la atención del cliente y que justifiquen el desembolso económico. Pero aquí ocurre todo lo contrario: Strava está diciendo a sus usuarios que o pagan por lo que ya tenían o se quedan sin -prácticamente- nada. Lo que se llama tratarnos como rehenes. Y la verdad, lo mínimo que podrían hacer si quieren recibir entre ¡60 y 96€ al año! de nuestro bolsillo es hacer una web que sirva para algo o una app cómoda, fácil de manejar y adaptada al año en el que vivimos. Cuando algo es gratuito lo aceptamos como es, pero si ahora quieren nuestro dinero tendrán que estar preparados para recibir también nuestras críticas.

Desconozco las razones que han podido llevar a Strava a dar un giro de 180 grados en su política de uso. Lo más sencillo sería pensar que se han visto con el agua al cuello y se han dado cuenta de que hay que pagar de alguna manera a sus empleados, pero no creo que la explicación sea tan simple. Quizás hayan decidido generar una nueva imagen de marca que los relacione con el deporte profesional y no tanto con los amateurs de fin de semana. Pidiendo esas cantidades de dinero hacen que mucha gente que sólo utiliza la aplicación por curiosidad deje de hacerlo y elimina también a muchos otros que no podrán hacer frente a esos pagos o preferirán destinar esas cantidades de dinero a otras cosas. A partir de ahí, tal vez en algún momento en el futuro empiecen a patrocinar eventos importantes que les reporten más ingresos en publicidad y fortaleza de marca. Eso, o se están aprovechando de su posición dominante en el mercado para llenar sus arcas a cualquier precio, lo que en mi opinión no les dejaría en muy buen lugar.

Strava ha sido (y sigue siendo) una llamada a la acción, el empujón que mucha gente necesitaba para empezar a hacer deporte, y eso siempre habrá que agradecérselo. Podríamos pensar ahora que quizás la app era demasiado buena para ser gratis, y que si algunas de sus funciones más llamativas (creación de rutas, zonas de esfuerzo) hubiesen sido de pago desde el principio estaríamos en una situación distinta y este artículo que estoy escribiendo leyendo nunca habría existido. Pero los humanos con frecuencia nos equivocamos o no sabemos hacer entender bien a los demás nuestras motivaciones, lo que lleva a que buenas ideas dentro de la cabeza se traduzcan en pésimas decisiones en el mundo real.

En cuanto a mí, seguiré usando Strava más que nada por costumbre, pero a medida que pasan los días y guardo actividades nuevas pienso cada vez más en para qué lo sigo haciendo cuando realmente la información que me dan ahora es inútil. Y no, esto no va de gente que se queja por tener que empezar a pagar algo que utiliza varias veces por semana, sino de las formas y el fondo de la nueva decisión. Todo lo que pase en adelante será culpa exclusivamente de Strava.