«Salimos esta tarde»

Si estás en esta web y leyendo este post, es porque de alguna manera estás interesado en el ciclismo o te dedicas a él. Por lo tanto, es entendible que no relaciones la frase del título con nada que tenga que ver con las dos ruedas. No te preocupes: es lo que le pasaría a cualquier persona normal. Al fin y al cabo, ¿qué hay mejor que ir a andar en bici por la mañana? Todo son ventajas.

Para empezar, está el tiempo. Solemos salir a primera hora, entre las 9:00 y las 10:00, según la estación y nuestro lugar de residencia. De esta forma, podemos hacer unos 100 km y volver a casa justo a la hora de comer (pongamos, a las 14:00) para recobrar fuerzas y pasar la tarde descansando o haciendo algo con la familia o los amigos. Incluso se puede echar una buena siesta después de la sobremesa para tener más ganas de hacer cosas el resto del día.

En segundo lugar, podemos citar la luz. Saliendo a la hora que hemos comentado antes aprovecharemos la subida del sol hasta estar en su cénit, lo que mejorará la seguridad de nuestro recorrido (se nos verá mejor y no habrá nada que pueda cegar momentáneamente a los conductores) y también nuestro humor y ganas de esforzarnos, que es el efecto que tiene la luz del día en nuestros cuerpos.

En tercer lugar, hablaremos del tráfico. Dando por hecho que por la semana trabajamos y que sólo podemos ir en bici el fin de semana, nada mejor que un domingo a primera hora para sali a la carretera y tirar millas. Las cosas pueden variar bastante según la zona en la que vivamos, pero lo normal es que en cualquier lado veamos a lo largo de la mañana casi a más ciclistas que coches. Las carreteras interurbanas durante la semana pueden llegar a resultar peligrosas por el gran flujo de tráfico motorizado que generan, complicado todavía más por el estrés que muchos conductores sufren de manera consciente o inconsciente por la necesidad de llegar a un lugar a una hora concreta o, simplemente, por el hecho de estar trabajando cuando podrían estar haciendo cualquier otra cosa. Sin embargo, el fin de semana -y el domingo en particular- se convierten en territorio ciclista, y aunque hay que seguir teniendo precaución, sentimos que estamos en nuestro medio.

En cuarto lugar, hay que comentar algo que algunas veces se olvida y que no nos afecta a todos por igual, pero que llegado el momento puede ser clave: el viento, nuestro gran enemigo. Por razones de temperatura y otras cuestiones, es mucho más probable que su velocidad aumente a medida que avanzan las horas del día y vuelve a disminuir de cara a la noche; no hay, por tanto, mejor momento para salir que a primera hora, cuando todavía no ha empezado a soplar, y volver al mediodía, cuando estará empezando a alcanzar su máxima potencia. En una zona como la de A Coruña, en plena costa atlántica y a merced de todos los vientos del mar, este tema tiene una importancia capital ya no sólo a la hora de decidir los momentos de las salidas, sino que incluso llega a ser un punto a considerar a la hora de comprar una bici. Sin ir más lejos, yo he tenido que quitarle a mi bici aero las ruedas de 38 cm de perfil que traía (que no es tampoco ninguna barbaridad) por el efecto vela que causaba el viento y que me hacía casi imposible rodar por algunos tramos. Ahora no es tan aero, pero al menos voy mucho más cómodo en ella. También tuvo que ver a la hora de cambiarlas que pesasen dos kilos y medio, pero eso será un tema para otro día.

Quinto punto: el calor. Esto es lógico. Será más alto en las horas centrales del día, y siempre es conveniente empezar con fresco e ir calentando el cuerpo (tanto interna como externamente) que empezar con una temperatura muy alta y quedarse sin fuerzas rápidamente. No obstante, el tema del calor varía mucho según el sitio en el que vivamos. Como comento en el párrafo anterior, yo vivo en A Coruña, y aquí incluso en las semanas más tórridas del verano no es fácil que las temperaturas suban mucho de los 25 grados.

Incluso podríamos a llegar a considerar un sexto punto a favor de las mañanas, que es el componente social. La mayoría de la gente en España (sobre todo la que vive con pareja o familares) hace su vida a partir de media mañana y por la tarde, por lo que se espera que nosotros, como ciclistas, “quitemos de en medio” nuestra necesidad de hacer deporte lo antes posible para poder estar disponibles para familia y amigos a partir de la hora de comer. Por este mismo motivo será también más sencillo juntarnos con compañeros de grupeta a primera hora de la mañana que no más avanzado el día.

subida millenium coruña
Ya sabes lo que toca cuando ves ese muro.

Pero he aquí que siempre tiene que haber alguien distinto para todo, y en este caso yo soy ese alguien. Y a pesar de que estoy de acuerdo con todos los puntos que acabo de citar, no se cumplen en mí. La razón principal es que siempre he sido una persona “de tardes”. Desde hace diez años, en todos los estudios que he realizado o centros en los que he trabajado he tenido horarios o turnos vespertinos, lo que ha hecho que poco a poco mi cuerpo se haya ido adaptando a estas circunstancias. Además, a pesar de que no suelo levantarme nunca tarde, me cuesta horrores madrugar, especialmente cuando no hay una razón “de causa mayor” para ello (salir a hacer deporte no lo es). Añadamos a la ecuación que suelo vivir con horarios europeos de comidas y todo encaja.

Psicológica y fisológicamente hablando, por tanto, estoy mucho más predispuesto a coger la bici a la hora a la que una persona normal estaría echando la siesta o incluso terminando de comer. Echando un vistazo rápido a mis actividades en Strava, es fácil comprobar cómo las medias de velocidad suben cuando salgo a esas horas respecto a cuando lo hago por las mañanas; también es cierto que en el primer caso suelo hacer menos kilómetros que en el segundo y, por lo tanto, es más sencillo que las km/h sean mayores. Pero más allá de los datos, lo que destaco son mis sensaciones: me encuentro con muchas más ganas, siento que tengo mucha más energía y me encuentro mucho más despierto. Además, no tengo esa impresión de estar “obligado” a hacer deporte que sí tengo cuando madrugo o quedo con algún compañero. Sí, me encanta el ciclismo y salir en cualquier momento, pero hay días y días y no siempre me levanto con la mentalidad necesaria para meterme más de 50 km entre subidas brutales y carreteras llenas de toboganes mientras lucho contra el viento de cara. 

Quizás esto sea también una de las cosas bonitas que tiene el ciclismo: aunque, como todo, es más divertido hacerlo acompañado, para practicarlo no hay que depender de otras personas, como sí ocurre en casi todos los demás deportes, y además tampoco tiene unos horarios de apertura o cierre con los que sentirse presionado. Siempre se dice que pocas actividades físicas nos enseñan a conocernos a nosotros mismos y nuestros límites como hace el ciclismo, así que supongo que tengo que darles la razón a quienes lo defienden.

Eso sí, yo tampoco he oído nunca la frase de “salimos esta tarde”.